Entre bastidores

De paseo por la finca con Guido Rudolphi.

Hay huéspedes que llegan, miran y se marchan. Y luego está Guido Rudolphi — nombre conocido de la informática suiza, viajero curioso por vocación — que, al pasar por la finca, quiso entenderlo todo: cómo se vive aquí, qué se cultiva, por qué una torre del siglo XIV sigue en pie tan hermosa.

De ahí nació este vídeo: diez minutos de paseo, charlas y degustaciones, con la cámara encendida y sin guion alguno.

Guido Rudolphi en la mesa de la finca

El paseo.

Se empieza por la avenida, como todos los huéspedes: el caserío que asoma entre los árboles, los muros de piedra, el relato de la finca — cuarenta hectáreas entre bosques, viñedos y olivares — y de la familia que la custodia. Guido escucha, pregunta, se detiene a tocar las piedras de la torre. «Aquí cada rincón cuenta una historia», le decimos. No parece convencido: quiere comprobarlas una por una.

El paseo por el parque de la finca

El jardín de los cítricos.

Es la primera parada que lo conquista: los árboles cargados de frutos amarillos, recogidos al momento y olidos como se hace con el pan recién horneado. Es el mismo jardín del que nacen nuestro licor de limón y el mandarinetto — el del bosque de los enamorados.

La recogida de cítricos en el jardín

Las salas y la mesa.

Dentro, el golpe de vista de los techos de vigas y la piedra vista: la Sala Malatesta puesta, las sillas ovaladas, la luz cálida. El final es el que corresponde: la mesa redonda, el café, las galletitas al vino de la tienda y dos palabras que se convierten en veinte — se habla de la madera de los techos, del campo, de cuánto merece la pena vivir en un lugar así («merece la pena, eh», concede en un momento dado).

La Sala Malatesta puesta

El brindis.

Llegan las copas, llega el tinto de la casa, llega el momento en que el vídeo podría terminar y, sin embargo, no: porque en la finca las despedidas son largas, y «nos vemos» no es una fórmula de cortesía. Es un plan. Véalo hasta el final: es la manera más honesta que tenemos de mostrarle cómo es, de verdad, un día aquí.

El brindis final con el tinto de la casa

Venga a dar una vuelta usted también.

La finca se cuenta mejor en persona.

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